Por Jaime Troncoso R.
Al escuchar el nombre de René Jáuregui viene a mi mente aquella persona que se atrevió a cumplir un sueño en lo que amó toda su vida: el periodismo económico.
Gracias a esa idea —a la que invitó a sus compañeros de Economía y Negocios de El Mercurio y que logró concretar con el apoyo del empresario Pedro Lizana— hoy existe Diario Financiero.
René Jáuregui Catalán estudió primero sociología en la Universidad de Concepción tras el Golpe del 1973 se vino a Santiago donde ingresó a la Universidad de Chile a estudiar licenciatura en Ciencias Sociales el año 1975 y se pasó a periodismo en 1976.
Luego trabajaría en el diario Estrategia y sería uno de los primeros periodistas de Economía y Negocios de El Mercurio, cubriendo macroeconomía. Allí integró el equipo liderado por Joaquín Lavín, junto a Enrique Contreras, Silvia Riquelme, Dieter Zegers y Ciro Quintana.
La idea de crear un diario especializado en finanzas surgió a mediados de 1988. En una conversación en la casa de Osvaldo Cifuentes, René planteó a Enrique Contreras y Roberto Meza lanzar una cuartilla que se distribuyera en el barrio financiero de Santiago. Para él, el desarrollo de Chile abría una oportunidad única para un medio especializado en economía.
Así nació Diario Financiero, con un grupo de periodistas de Economía y Negocios que lo acompañaron en su empeño. Entre ellos, su esposa, Gloria Cumsille, quien falleció tras una larga batalla contra el cáncer.
René fue un periodista que ayudó a reforzar el rol del periodismo económico en Chile y que mantuvo siempre la convicción de que un mejor periodismo podía contribuir a un mejor país.
Fue también socio fundador del capítulo chileno de la Asociación Interamericana de Periodismo Económico y de Finanzas (AIPEF), desde donde promovió la colaboración y la formación de nuevas generaciones de periodistas.
En la década de los 90 fue pionero en el negocio de las comunicaciones corporativas y financieras. Creó la consultora JC&L, junto a Enrique Contreras y Ariel Leporatti, y más tarde Essentia Comunicaciones, junto a Contreras y Erick Rojas. Entre sus clientes destacaron la Asociación de AFP, la Cámara Nacional de Comercio, la Bolsa Electrónica, el Metro de Santiago y Enacar.
Más allá de su trayectoria profesional, René fue un hombre solidario. Me enseñó, con su ejemplo, que cuando alguien queda cesante hay que tenderle la mano. Me dijo: “Si puedes, dile que venga a la oficina y que la use de centro de operaciones, porque no hay nada peor que quedarse en casa.” Y eso hizo conmigo en 1994, cuando salí del Gobierno.
Hace unas semanas trabajaba en la historia de la creación del Diario Financiero. Hablamos largo sobre ese proyecto que, según él, debía ser colectivo, “de todos los que sentían al DF en el corazón”.
Hablamos de Jorge Isla y su línea de tiempo en base a los servidores de Cardemil, el dueño de la infraestructura computacional al inicio del DF. Se reía y me decía que no sabía que los nombres eran los personajes de las películas de El Padrino, entre ellos Luca Brassi, Vincent, y Tom Hagen.
René disfrutaba su vida en el sur, siguiendo las aventuras de sus hijos en Pucón y la felicidad junto a sus nietos. Cuando supo que sería abuelo, comenzó a juntar monedas de $500 en un tarro gigante; ese fue su regalo cuando el niño cumplió un año.
Se le veía caminar por la orilla del Lago Villarrica con ellos. Su vida fue fundar un diario, asesorar a empresas y, sobre todo, disfrutar de su familia.
Adiós, René. Te extrañaremos.
Su pensamiento en un vídeo de Diario Financiero