El aumento de la deuda pública y las advertencias del Banco Central ponen en jaque las finanzas del país. En un año electoral, ¿cómo evitar que las presiones políticas nos conduzcan a un camino insostenible?
El último Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central (IEF) dice que la deuda pública ha crecido de 6% a 40% del Producto Interno Bruto (PIB) y que el costo de renovarla para un periodo de 10 años ha crecido desde US$2.760 millones a US$16.000 millones entre septiembre de 2019 y junio de 2024.
Aunque el Ministerio de Hacienda se propone mantener ese 40% y no llegar al límite altamente riesgoso de 45%, las presiones por aumentar el gasto fiscal son permanentes, como permanentes son las necesidades de la sociedad: seguridad, salud, educación, vivienda.
Cuando una familia tiene este problema, lo primero que debe hacer es ordenar la casa, es decir, ver cómo y en qué estoy gastando; y reducir el gasto prescindible (menos visitas al café de la esquina o menos salidas a comer, por ejemplo). Luego, ver si soy capaz de sostener la deuda y pagarla regularmente, además de tratar, en lo posible, de dejar algún colchón de ahorro.
Aunque este tema ocupa principalmente espacio en la prensa económica y jamás llama la atención de los matinales de televisión, está en el corazón de nuestro futuro como país, porque nos puede conducir a un aumento fuerte de la pobreza. Es lo que le pasó a Argentina, que sin darse cuenta, se convirtió en ícono del deudor externo que no paga sus compromisos y que debe designar funcionarios orientados exclusivamente a renegociar con organismos multilaterales, a los que además se les acusa de haberles prestado dinero con duras condiciones.
Errores que pesan sobre la economía
En Chile nos dimos el gustito de gastarnos US$50 mil millones de ahorros previsionales haciendo crecer las ventas de autos, electrodomésticos y productos suntuarios para satisfacer las aspiraciones de parlamentarios que querían reelegirse. Eso seguirá pesando en la economía por muchos años, porque nos dejó con un exiguo colchón para enfrentar una nueva crisis financiera como la del 2008 y la que provocó la pandemia.
¿Cómo hago crecer los ingresos de mi familia si estoy en esta situación? Bueno, tratando de elevar nuestro potencial para generar más ingresos, como sea, donde sea y haciendo un sacrificio entre todos quienes la integramos. Usamos el auto para hacer Uber, vendemos queques o sopaipillas, en fin.
Con todas sus complejidades, en los gobiernos debe hacerse lo mismo. Con la amenaza de guerra de alta escala en Europa y Oriente Medio; de aumentos desmedidos de aranceles en Estados Unidos que tendrá un presidente amigo del proteccionismo y vecinos llenos de conflictos, tenemos que prepararnos para enfrentar un posible nuevo chaparrón financiero mundial, que si ocurre, nos caerá de todas maneras porque somos una economía abierta al exterior.
Pero ¿qué vemos localmente? Más demandas de gasto, como el reajuste que empiezan a pedir los empleados públicos, en medio de una crisis de seguridad, falta de oferta en viviendas y un lacerante problema en la salud, con decenas de personas fallecidas por no haber obtenido atención a tiempo.
El rol de las instituciones en mantener la estabilidad
Pese a los debates en torno al tema, el ministro Marcel ha sido persistente en mantener las cuentas fiscales ordenadas y aparece resistiendo las presiones de sus propios aliados en el gobierno. Será este probablemente su legado, más allá de si logró sacar un aumento de impuestos o una reforma previsional.
Pero la advertencia en el IEF, en lenguaje Banco Central, por cierto, es clara. ¡Cuidado con el endeudamiento extremo!, porque el costo de pagar deudas altas conduce a un deterioro constante del sector fiscal. Y también, que de una vez por todas se hagan esfuerzos por ir devolviendo aquel ahorro malgastado que, por años permitió al país presentarse ante el mundo como un sujeto solvente de crédito y, por tanto, obtener financiamiento con tasas de interés más bajas.
Viene un año electoral y con él la tentación por más gasto y por nuevos retiros, con el argumento de que los chilenos están agobiados y lo necesitan, cuando en realidad es que quienes buscan mantener o llegar al poder necesitan votos.
Mientras no haya un parlamentario o aspirante al Parlamento o al gobierno que esté dispuesto a perder en aras de un mejor largo plazo, no tenemos mucha esperanza de que esto vaya a cambiar.
Sin embargo, es relevante que existan instituciones como el Banco Central o el Consejo Fiscal Autónomo, que dejen registro para la historia de las advertencias que hicieron para que los gobernantes y legisladores tomaran conciencia de los riesgos que envuelven sus decisiones. Y también, que tengamos un ministro de Hacienda que fue cerebro de la regla fiscal y que esté permanentemente dispuesto a cumplirla.