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Luis Álvarez, Periodista, Socio de Comprendes Consultores

Inflación, el retorno

09/06/2022

Buena parte del más reciente Informe de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central está dedicado a la inflación, ya instalada como problema central de la economía chilena, y anticipa que, de no haber disrupciones relevantes, recién podría retornar a la meta de 3% en la primera parte del 2024. Mientras, llegaremos tener una inflación anualizada cercana al 13% en el tercer trimestre de este año y un cierre de año con 10%.

Hay dos antecedentes que pueden darnos una dimensión del problema. Cuando el Banco Central pasó a convertirse en una institución autónoma, la inflación anual rondaba el 30%, tras años de ciclos de alzas que eran más vigorosas en las cercanías de procesos electorales. A fuerza de medidas de contención con movimientos de tasas de interés, se logró que entre el año 2000 y mediados de 2021, la inflación se mantuviera un promedio anual de 3,2%. La inflación, incluso ya avanzada la pandemia, no era un problema, lo que era mucho decir dada la profundidad de la crisis económica generada por las cuarentenas.

El tema claramente ha dado un vuelco, y ya nadie discute que tanto el IFE universal como el retiro de un 30 por ciento de los fondos de pensiones generaron un inusitado impulso al consumo privado que alimentó fuertes alzas de precios. Fueron ayudas entregadas masivamente cuando ya las cuarentenas totales habían parado y cuando la actividad económica crecía muy por sobre su potencial. Pero había elecciones y lo que antes hacían los gobiernos para generar una sensación temporal de bienestar económico mediante emisión monetaria inorgánica, el año pasado lo hicieron los congresistas temerosos de ser rechazados por la ciudadanía.

Chile es aún una economía fuertemente indexada. La Unidad de Fomento, un mecanismo de protección inflacionaria para contratos de largo plazo, hace que las alzas de precios se transmitan rápidamente a diversas áreas de la economía, como los dividendos hipotecarios, algunos arriendos, mensualidades de colegios, planes de Isapre o pagos de servicios. Además, hay contratos colectivos que consideran aumentos salariales por IPC.

Hay que sumar a ello la presión que ejerce sobre los costos el precio del dólar, especialmente por la importación de insumos y bienes de capital. Aunque ha mostrado algunas bajas, el dólar se mantiene más alto de lo que debería en un escenario de alto precio del cobre, sólo por el factor incertidumbre. Y eso también contribuye a la inflación.

Al fenómeno inflacionario autogestionado localmente, se sumó algo que ya existía el año pasado y que se agudizó con la guerra en Ucrania y los duros nuevos confinamientos en China. Lo que había era ya un aumento de precios de combustibles y la presión sobre precios que ejercían los problemas logísticos en puertos de países desarrollados que han demorado y siguen demorando los envíos de productos al resto del mundo.

Pero, el IPoM parte diciendo que “el principal factor tras el alza de la inflación continúa siendo el significativo aumento de la demanda durante 2021”, a lo que se ha sumado en los últimos meses una profundización de “el impacto de las altas presiones de costos globales, consecuencia de los mayores precios de las materias primas, la energía y los alimentos”. O sea, un huracán doble que puede durar varios meses.  

La esperanza que expresa el IPoM es que la inflación ya empieza a mostrar un predominio de sus componentes volátiles (energía y alimentos), que son en esencia los que nos llegan del exterior. Al mismo tiempo, señala que la economía ya entró en una fase de ajuste, dados los bajos índices de variación que ha mostrado la serie desestacionalizada del PIB y sus componentes no mineros.

Por ello, la proyección de crecimiento para este año sube en algo en relación al IPoM de marzo, a entre 1,5 y 2,25%, pero la de 2023 es más sombría, porque el país podría tener un crecimiento negativo de 1,0% -es decir, una recesión- o, sencillamente, no mostrar crecimiento. Estas proyecciones están, en todo caso, por debajo del crecimiento potencial estimado en este IPoM, que es de 3%. Cuando el crecimiento está por debajo del potencial, las presiones inflacionarias debieran ser mucho menores.

Este panorama representa otro desafío para el Banco Central: hasta dónde subir la Tasa de Política Monetaria sin provocar una caída de la actividad económica más allá de lo necesario para hacer bajar la inflación. Probablemente, es la razón por la cual el comunicado de la última RPM dice que los próximos aumentos probables de tasa serán moderados.

La política monetaria podrá mostrar que está siendo efectiva cuando las encuestas de expectativas económicas o de operadores financieros comiencen a mostrar que las proyecciones a dos años colocan a la inflación en la meta de 3%. Es decir, cuando se vuelvan a anclar las expectativas con la meta.

No es nada fácil, porque otro elemento de preocupación es que la inversión profundiza este año su caída hasta 4,8%, lo que augura malos tiempos para fortalecer el crecimiento. Y buena parte de esa caída de la inversión tiene su origen en la incertidumbre que recoge tanto el oscuro panorama internacional, como los efectos que pueda tener cualquiera de los resultados en el plebiscito constitucional del 4 de septiembre próximo.

La buena noticia, como dicen los economistas, es que el gasto fiscal sigue manteniendo un compromiso de responsabilidad y que los aumentos previstos para desarrollar el programa de gobierno dependen del éxito de la reforma tributaria que se propondrá a fines de este mes. Ahí comenzará a escribirse una nueva historia.

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